Señor Julio
"Llámame el día que puedas, date prisa que son las cuatro y diez" Después del divorcio, las cosas no me habían pintado bien, pero irónicamente, me sentía más liberado, veía a mis hijos con regularidad, nos encontrábamos en una cafetería y nos poníamos al tanto de lo que pasaba en nuestras vidas, era un tanto extraño porque, sin ponernos de acuerdo, sabíamos que los viernes a las siete de la noche nos veríamos ahí. Yo no perdía la oportunidad de decirle a mi hijo el más grande, que la barista era muy bonita, él solo asentía, pero por fortuna no me preguntaba por qué insistía tanto, no habría sabido cómo explicarle que esa chica se parecía mucho a una exnovia que tuve antes de conocer a su madre. Ese viernes dieron las ocho y mis hijos no llegaban, yo ya iba por mi segunda taza de café cuando la barista se acercó con un pastelillo de cuatro chocolates, justo cuando iba a decirle que no lo había pedido, pareció leerme la mente. —Señor Julio, feliz cumpleaños. este pastel va por ...