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Quizás si eres un psicópata

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“...pero al amor no hay quien le mande Puede mucho más una mirada al corazón Un abrazo bien apretado, Un besito bien saboreado, Y qué decir de las sonrisas de los dos...”     Fue muy extraño volver a leerte, créeme que yo esperaba una de esas historias de la mina y el chaval o esos escritos del Pino que le hablan a sabe cuántos amores pero no, esta vez cometiste un error, bueno quizás dos, el primero fue que parece reclamo el escrito, pareciera que me haces sentir como la mala del cuento y afortunadamente no me conocen si no, ya me estuvieran funando, aunque para ser sinceros para tus 3 lectores (y yo soy una de ellos) pues no sería una funa real y el segundo error es que creo te olvidaste de algo primordial, se te olvido una coma, si, te dije que eras extraño por haber utilizado los signos de interrogación bien pero había una coma antes de ¿acaso eres un psicópata? Eso era aparte.   Me encanto ese cuento de Eduardo Galeano, quizás con otra voz que no fuera con la de Isma...

¿Acaso eres un psicópata?

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  La lluvia no era atípica ya que era temporada de aguas, estaba yo refugiado en la oficina viendo el partido de Noruega Vs Senegal, cuando de pronto un mensaje me llamó mucho la atención, habían mandado un mensaje a un grupo y el remitente había utilizado bien los signos de interrogación, si justo puso los dos y en el orden que tenían que ir, fue cuando no pude más que esbozar una sonrisa y hacer ese comentario que tenía guardado desde hace tantos años, “ voy a parafrasear, eres extraño ¿Acaso eres un psicópata?” y de inmediato conté la vez que me dijeron eso por utilizar los dos signos de interrogación, quizás para las personas que les dije no tuvo nada de relevante pero para mí si, la recordé y mientras esperaba la hora de la salida me puse a buscar en la conversación de la mina que me había dicho eso, quizás para que me creyeran y que vieran que no estaba mintiendo.  Pasaron cerca de 40 minutos cuando por la bendita neurodivergencia caí en cuenta que estaba leyendo las con...

Vino tinto, Cerveza o café?

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Vino tinto, Cerveza o café? Aquella tarde le propuse a Sara salir por un café. Ella aceptó encantada. No nos conocíamos de nada el uno al otro (o al menos eso pensábamos), digamos que solo coincidíamos en un cruce de miradas sobre el pasillo de aquella oficina donde al andar se encontraba primero su escritorio y el mío al fondo. Era una oficina en la Nápoles, un despacho de auditores contables donde ella llevaba la nómina interna y yo era de RH. Me sabía su primer nombre y su segundo apellido entre abreviaturas por esa firma que llevaban sus correos en el intercambio de reporte de ingresos, bajas y demás temas Godínez muy The office.  Mi hora favorita era el atardecer, la luz y el ambiente me permitían ver su rostro desde el reflejo del espejo que estaba en el extintor, ese ángulo perfecto lo permitía la ubicación privilegiada de mi lugar, donde descubrí que haciéndome un poco a la derecha se descubría ese paisaje insospechado. Piel blanca, cabello ondulado y ojos avell...

Solo quiero que te vayas… voy a estar mejor

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 ¿Por què dejaste los mangos? No te lo imaginarás, pero te dirè la verdad, fue porque ella me desprecio mi mejor cosecha… Todo inicia hace muchísimos años, esos años cuando la clase de ética me la pase por el arco del triunfo, cuando estaba jugando a lo prohibido con esa mina que por muchos años fue mi musa, mi incentivo, mi inventiva en las letras, fue donde ella era mi todo, a pesar de que no me pertenecia. Despues de tantos años nos volvimos a reencontrar, fue algo bonito, de esos momentos que hoy en día puedes grabar con tus Ray Ban meta , pero en ese momento solo quedó en nuestros recuerdos, yo le platicaba sobre mi nueva vida, de esa vida que nunca me imaginé pero la estaba viviendo, dejè el pantalón de vestir, la camisa, la corbata y el saco, para ponerme un pantalón de mezclilla, una camisa gruesa de manga larga y todas mis energías para hacer algo que nunca había hecho, era un trabajo de forma fisica pero no era para un patrón, era para empezar a levantar esta nueva histor...

¿Vienes del Futuro?

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  Tan extraña es la vida que muchas veces no nos damos cuenta de que es un ciclo, y no me refiero a eso de nacer, crecer, desarrollarse y morir, sino a que repetimos los mismos errores una y otra vez, lo peor del caso es que muchas veces tropezamos con la misma piedra. Lo recuerdo como si fuera ayer, era un sábado y estaba en el tianguis cultural del Chopo, ahí por Buenavista, había ido porque iban a tocar “Las Pastillas del Abuelo”, esa banda de rock argentino que casi nadie conocía o conoce, tocaron gratis unos temitas y después comentaron que iban a estar en un lugar cerca del centro de la ciudad, ahí fue cuando por primera vez la vi a ella, sí, a Carmina, era una mina de aproximadamente 1.60 m, complexión delgada, tez morena clara, boca pequeña, nariz afilada y una mirada que enamoraba a cualquier pendejo, pero tenía algo, me doblaba la edad. No sé en qué momento me acerqué a ella; su mirada me había embrujado, le compartí de mi vaso y ella solo le dio un trago pequeño y dijo “...

¿Qué pasó? ¿Ya me recordaste?

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  “Hay historias de amor Que nunca terminan, Que se esconden tras la vuelta De tu esquina” Era un jueves de esos donde no pasa ni fu ni fa en la vida, donde parece que el tiempo pasa tan lento que el tic tac suena interminable, no tenía ningún plan, pero tampoco quería quedarme en casa, así que agarré mi bici y salí a rodar ¿A dónde? A ningún lado, solo quería no estar de sin que hacer, ya que mi mente iba a jugarme una mala pasada, eso siempre sucedía. Iba sobre la ciclovía cuando vi un anuncio “Festival de cine Mexicano” revise la ubicación y era muy cerca de ahí es más ni sabía que existía y eso que estaba muy cerca de mi casa.  Al llegar amarre mi bicicleta junto a las otras en el bici estacionamiento, ingresé y era tipo permanencia voluntaria y la película que estaba en ese momento no me interesaba, pero la siguiente si, así que decidí esperar en la cafetería, pedí una chapata de carnes frías y un vino tinto para acompañar, no voy a mentir, desde que entre a la cafeterí...

Quería que volvieran a estar juntos

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 Recuerdo ese día, era viernes y venía de una entrevista de trabajo, la verdad, no me estaba yendo muy bien: recién había perdido mi empleo, mi divorcio había terminado con todo lo que habíamos formado entre los dos. No hablo solamente de la casa ni de la camioneta del año pasado, que recién habíamos terminado de pagar, sino también de mi hija, la pequeña Jessy, a ella solo podía verla los fines de semana y ciertos días del año, como el 24 y 25 de diciembre, el día de mi cumpleaños, los días santos y una semana durante las vacaciones de verano. Por fortuna, ese fin de semana me tocaba verla, además de que era su cumpleaños. Si bien no la estaba pasando bien, ella solo me había pedido una Barbie, una comida en un restaurante de comida rápida y que fuéramos al tianguis de San Felipe a chacharear. Al salir de la entrevista iba caminando para tomar el metro e ir a otra entrevista, en ese momento encontré la Barbie que quería Jessy, una Barbie a la que se le pintaba el cabello y que tra...