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Secuencia de infinitos

"Yo sigo generando infinitos, es lo que hago mejor" ~ Leyva. Fue un consenso, una elección mutua atestiguante del verano que fecho nuestra primera cita cuando nos permitimos suceder la tarde en el Mugen, un café judío de la Roma, el favorito de Alexandra. Aquel día, al exterior el sol blanquecino bañaba las calles previo a su puesta, las hojas de los cipreses bailaban con el viento mientras las aves se posaban tras hallar un refugio seguro en ellos, llamando al canto, sumando al ambiente la creación de una esfera natural formada azarosamente por la concurrencia, el sin querer provocado por la propuesta de aquella musa. ¿Quieres ir? una pregunta que pretende elegir el destino, tal como lanzar una moneda al aire con la respuesta predicha, yo he aceptado al instante, aunque en el fondo me parecía una ironía nombrar en japonés un lugar de ese tipo y sabiendo que “Mugen” es también “Infinito”, pero al fin de cuentas, era solo eso, un nombre, el resto de experiencia sensorial era t