Vino tinto, Cerveza o café?

Vino tinto, Cerveza o café?

Aquella tarde le propuse a Sara salir por un café. Ella aceptó encantada.
No nos conocíamos de nada el uno al otro (o al menos eso pensábamos), digamos que solo coincidíamos en un cruce de miradas sobre el pasillo de aquella oficina donde al andar se encontraba primero su escritorio y el mío al fondo. Era una oficina en la Nápoles, un despacho de auditores contables donde ella llevaba la nómina interna y yo era de RH.

Me sabía su primer nombre y su segundo apellido entre abreviaturas por esa firma que llevaban sus correos en el intercambio de reporte de ingresos, bajas y demás temas Godínez muy The office. 
Mi hora favorita era el atardecer, la luz y el ambiente me permitían ver su rostro desde el reflejo del espejo que estaba en el extintor, ese ángulo perfecto lo permitía la ubicación privilegiada de mi lugar, donde descubrí que haciéndome un poco a la derecha se descubría ese paisaje insospechado.

Piel blanca, cabello ondulado y ojos avellana resguardados por sus lentes de armazón negro. Al punto de las 04:00 pm, cuando más calor se sentía, Sara solía recoger su cabello con ligas de colores, un arcoiris sútil entre un pelo electrificado, era como ver por primera vez un espectáculo boreal luminiscente, una sorpresa excepcional, aunque ya hubiera visto la misma escena todos los días y sé que nunca me cansaría de ello.

Le miraba en secreto, entre el silencio de un corazón inquieto que pulsa suspirando un nombre de quién no sabía si notaba mi existencia.

Todo pasó un viernes, Yo salía más tarde de mi hora habitual a causa de una junta interminable de resultados, fue esperar desde medio día como cada jefe de área justificaba con mentiras y malas mañanas los bajos resultados para no despertar la furia de un director mal involucrado en el contexto, una tarde lluviosa de junio, a la salida yo esperaba mi Uber en la puerta del trabajo, con ese cansancio clásico que provocan ese tipo de sesiones y mientras me lamentaba por no poder consolarme viendo el reflejo de Sara al atardecer, me sentía con las ganas de olvidar todo en mi cafebreria favorita "Vocablo", allá en la Roma, pero entre la inquietud de no encontrar viaje disponible, Sara apareció.

- Llueve bastante, no crees?
Lo dijo soltando su cabello y buscando a prisa su paraguas en su bolso carmín. 
Suspiré, no como quien suspira sin alivio cuando se le escapa la felicidad o el alma, más bien suspirando agradeciendo el momento, la coincidencia, pues no pensaba encontrarla por lo tarde que era.
Entre la búsqueda tiro sus llaves, yo las recogí y ella sonriendo dijo:
- Gracias, si pierdo mis llaves me muero, sabes? 
- No tendría a dónde ir...
Respondí correspondiendo su sonrrisa.
- ¿Y a dónde vas?
Pregunté para generar esa conversación que en otro momento había pensado como imposible.
- Tenía pensado ir a un Tap room, ya sabes una cerveza, despejarme y hacer a un lado el mundo tras la oficina. Además tengo un libro que quiero seguir leyendo.
Entonces le ví suspirar con el suspiro donde se te escapan las esperanzas.
Respondí:
- Ese es un buen plan, yo pensaba en lo mismo, solo que está vez, sin leer. He dejado mis libros en mi escritorio, los cuido sabes y por la lluvia evito arruinarlos.

La conversación se nos fue dando brevemente hasta el punto de coincidir que ambos íbamos hacia el mismo rumbo. Acepto compartir el Uber conmigo, subimos y al abrirle la puerta nuestras miradas se cruzaron de nuevo, pero está vez diferente, como cuando una sola chispa enciende un fuego inagotable, con una química tan genuina que el propio conductor pensó que estábamos casados cuando dijo, "Que padre es ver qué aún con la lluvia usted viene a recoger a su esposa", vaya! una frase tan espontánea e inocente que nos hizo reír a carcajadas, fue entonces que cambiaron los planes y nuestra conexión se alineó como planetas en la misma recta conspirando para causar el momento.
Antes de llegar a "Vocablo", entre la charla y risas me dijo:
- Oye, ¿Y si me invitas?, yo no conozco el lugar, pero ahora que te conozco a tí, se que será algo genial y muy bonito. Después de eso yo te invito a mi Tap Room, Así podemos conocer ambos lados, quiero decir que sería interesante saber de tí y tú de mí y aprender juntos.
El conductor nos dejó en Vocablo y cerramos el viaje, entramos al lugar y vaya sorpresa la mía al ver sus ojos llenos de emoción y tan abiertos al contemplar esa librería-café llena de estantes y con música acústica en guitarra de fondo, era como ver una niña pequeña descubriendo su lugar favorito por vez primera. En la recepción nos dieron mesa y al sentarnos el mesero con amabilidad nos ofreció el menú, yo quería sorprenderla pero no sabía como, así que al pedir la recomendación de la carta el mesero preguntó: "Vino tinto, Cerveza o café?".
Así que apostamos por el vino, elegí una botella de etiqueta con denominación de origen, Cabernet joven Francés traído desde Burdeos, con un tono rojo rubí profundo con intensos matices púrpuras, no había mejor color que ese para describir la escencia del momento, un escenario de libreros, libretos y libros con muchos colores en sus pastas, la música de fondo una trova sensible, luces de velas proyectando sombras con vida, juegos bajo la mesa cusndo ella sin querer pisaba mis pies y risas de sobra sobre el mantel, todo era tan perfecto que quería capturar el momento.
La noche se nos fue dando y la conversación dió para mucho, me contó que salió tarde esperando que bajara la lluvia, no quería mojarse pero lo tarde de las horas le llamaban a irse cuando nos encontramos, me habló de ella, la Sara, esa pequeñita que de niña anhelaba ser bailarina, que ama las flores y su aroma, que le gusta el ruido de la música en sus audífonos, que el karate es su deporte favorito, que tiene una colección grande de plumones con miles de colores, que habla dormida y canta cuando hay silencio, que le gusta el color y sabor violeta y los tulipanes son sus favs, le gusta el café calientito y su gatito que ama mucho se llama coco, la historia se nos fue narrando solo interrumpiendo las canciones cuando Sara gritaba: "Escucha esa canción, me encanta, gracias por invitarme aquí, a tu espacio, que ahora también es mío" y así poco a poco todo llegó hasta el cierre del local dónde al traernos la cuenta se nos anunciaba la despedida. Pague la cuenta y busque el viaje para llevarla a casa, era lo que un caballero debía hacer.

- Dejo de llover, viste?
Lo dijo mientras se abrochaba su abrigo.
- Pero no quiero decir solo de llover, llover como cuando saliamos del trabajo, quiero decir que dejó de llover dentro de mí...
Cuando la escuché, mi intensidad la abrazo de inmediato y nos perdimos en un beso, perdiendo la noción del tiempo, el cielo y las consecuencias.

Fue entonces que desperté...
Resultó que el bochorno de la junta y el cansancio me habían metido en un estado de debilidad tan alto que me desmayé a media sesión. Ese Burnout tanto hablado en medio de las empresas y tan poco visto, pfff.

Al abrir los ojos estaba Sara, me decía preocupada:
- Amor, amor, estás bien, gracias a Dios ya abriste los ojos. 
Me levanté como pude y ella me abrazo llorando, mientras decía, "Si te pierdo no tendría a dónde ir".

Llevamos 3 años casados, antes de ello son 2 de novios desde esa primera cita en "Vocablo, café y poesía", resulta que el Burnout y el desmayo me dio un regreso al primer momento que pude estar con Sara, quizás algo bueno sale de lo malo, aunque el riesgo parece alto, pero por ella lo vale.
Aprendí que gracias a eso hoy puedo verla, sentirla y quererla como en el primer día.

Al salir de la junta, vaya, fije el viaje, reserve mesa sin decirle nada y sin dar explicaciones, solo nos fuimos a nuestro lugar favorito a revivir la historia que acababa de soñar.
Pedí lo mejor de la carta al mesero y el respondió:

- Vino tinto, Cerveza o café?

Y bueno, ya sabes el vino siempre es la mejor opción.


Comentarios

  1. Cuanta magia en este escrito, no tanto por el vino, cafè o cerveza, ni por la descripción de Sara, ni tampoco de como había encontrado ese àngulo perfecto para contemplarla, si no porque te das cuenta que esta tan enamorada de ella, que incluso teniendola, sueña que es feliz compartiendo con ella.

    Te dejo un abrazo de Vino tinto...

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    Respuestas
    1. Gracias Hermano, nos debemos un vino, café o cerveza, lo que sea, yo debo agradecerte que hace muchos años me enseñaste el camino a la escritura

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