¿Pensaste que se me había olvidado? ¡Feliz Cumpleaños!

"...Podría cruzar un lejano desierto,

buscando si eres hada y poderte robar,

mil y una noches para ti..."


 Tenía unos meses en esta gran ciudad, todo fue porque Karla quería que nos casáramos, me vine del pueblo, cambié mi plaza de maestro tras mucho insistir, pero un sueldo de docente no sirve más que para la renta y sobrevivir aquí, así que metí mi auto a trabajar en una aplicación por las tardes y noches para sacar un poco más, Karla quería una boda y yo estaba para cumplir sus caprichos, me traía enamorado desde hace tres años, cuando fue de vacaciones cerca de mi pueblo y nos hicimos novios de verano, las cosas se salieron de control hasta ahorita que planeábamos casarnos, sacando cuentas, en tres semanas le compraría el anillo de compromiso e iría a pedirla a casa de sus padres, pero ella no lo sabía.

Estábamos en esos días donde el fútbol es una religión, el partido era México vs. Ecuador cuando agarré un viaje, era una pareja más o menos de la edad de Karla, desde que subieron supe que ese acento era muy conocido, les saqué plática porque escuché que cuchicheaban sobre mi estampa de la Virgen de Acahuato, les pregunté si la conocían y dijeron que era de un lugar muy cerca de donde venían, sin pensarlo, les dije “Ah, entonces vienen de Apatzingán, qué bueno tenerlos por acá, si gustan les paso mi número y les mejoro el precio en efectivo, sin pedir por aplicación”, aceptaron la tarjeta y me preguntaron de dónde era, me interrogaron sobre mi tierra para ver si en verdad era de allá, el tráfico estaba tortuoso, ellos iban al Monumento a la Revolución a ver el partido, íbamos sobre Circuito Interior cuando les ofrecí otra ruta para llegar más rápido, eran las 6:40 p.m. y el partido iniciaba a las 7.

En el semáforo de 101 y Misterios, Janeth le dijo a Carlos “Ahí está Karla, con razón nos dijo que hoy no podía estar con nosotros”, volteé por curiosidad, no sé si les ha pasado, pero desde que giré la cabeza empecé a ver en cámara lenta, justo al buscar a la dichosa Karla, escuché cómo bajaban el cristal de atrás, después le gritaron “¡Karlaaaa, Karlaaaaa!”, ella volteó y fue cuando la vi, era mi Karla, por quien estaba en esta ciudad, por quien había dejado mi tierra para hacer su sueño realidad, me quité el cinturón de seguridad, puse el auto en neutral y jalé el freno de mano, justo cuando iba a bajarme, Carlos me tomó del hombro, no sé qué dijo, pero me regresó al asiento, ahí aterricé en mi realidad, Karla estaba roja, dándole manotazos a su acompañante para que avanzaran, cerré los ojos, le di un golpe al volante y grité sacando mi encabronamiento, me disculpé, me puse el cinturón y seguí el camino.

Hubo un silencio por unos metros, quería contener las lágrimas pero fue imposible, Janeth se dio cuenta y dijo “Perdón, no sabía que la conocías”, me sequé las lagrimas y respondí “La culpa no es tuya, hoy es su cumpleaños y me dijo que nos veíamos en la noche porque tenía cosas que hacer, ya vi qué cosas”, irónicamente empezamos a platicar de ella, la conocían y era a quien iban a ver en este viaje, yo no podía concentrarme. Llegamos a la colonia Tabacalera y les dije “Solo atraviesan Insurgentes en ese semáforo y caminan al monumento”, terminé el viaje, pero vi que no bajaban, les dije “Si me meto les saldrá más caro y no vale la pena que gasten”, Janeth insistió “Mejor ve dónde estacionarte y vamos a ver el partido, no queremos que te vayas enojado”. Me adentré una calle más y le marqué a un amigo para dejar el auto en el estacionamiento de su departamento, me dijo que sí, me estacione, al fin los vigilantes ya me conocían.

Me hacían plática de cualquier cosa, que el partido se había retrasado o que la selección jugaba mal pero sacaba resultados, cuando de pronto, unos tipos nos bañaron en espuma y decidí que era momento de disfrutar, compramos espumas y cervezas, caminamos rumbo al Ángel de la Independencia y entramos a ese mar de gente, nos pusimos por la Bolsa Mexicana de Valores a ver el partido en una de las tantas pantallas gigantes, entre gritos, personas volando, cerveza y felicidad, la verdad, me la pasé muy chingón, por un momento olvidé el coraje, al acabar de gritar 2 goles y varios improperios, vimos la cantidad de gente y decidimos irnos.

Caminando al carro saqué mi celular, tenía 23 llamadas perdidas y casi un centenar de mensajes sin abrir, Carlos preguntó “¿Cuánto nos cobras por llevarnos de regreso?”, le dije que lo veíamos en el camino, pasamos por unas hamburguesas al carbón y más cervezas, llegamos a su destino, pero me insistieron en quedarme y les hice caso. Tomábamos mientras escuchábamos música cuando perdí de vista a Janeth, regresó a los dos minutos con otra chava, se llamaba Eva y era su hermana, la que rentaba ahí , la fiesta se alargó hasta las 7 de la mañana, me dijeron que me quedara a dormir para salir a conocer lugares al día siguiente, como no iba a trabajar, acepté.

Esa noche me la pasé bomba con Eva, hice tan buen clic que antes de despedirnos para descansar, me dijo “Ya me contó mi hermana lo que te pasó, préstame tu teléfono”, dudé, recordando el trago amargo, pero se lo di, ella activó la cámara, y de pronto, me dio un beso, de esos besos que sientes que el mundo se reinicia, de los que saben a gloria, a victoria, a un millón de personas gritando gol, a venganza. Tras el beso, me dijo “Espera”, con mi trago en la mano, vi cómo manipulaba mi pantalla hasta que dijo “Mira, nos vemos muy bien”, me enseñó el teléfono, vi que le había mandado el video a Karla, abajo escribió: “¿Pensaste que se me había olvidado? ¡Feliz Cumpleaños!”.



Comentarios

Entradas más populares de este blog

Luna de sangre

Quería que volvieran a estar juntos

Te tengo una historia