Juntos pero separados
“Invéntate el final de cada historia,
Que el amor es eterno mientras dura”
Se me había hecho raro que, media hora antes de la hora de la comida, Yuneth me marcara con urgencia porque quería verme, era raro, ella no hacía eso, me citó en un restaurante de crepas y waffles cerca del trabajo, así que alisté mis cosas y comenté que regresaba después de comer.
Caminé sin prisa, pero con cierta preocupación, al llegar, ella ya me estaba esperando, sentada con un café y un pan francés, la saludé de beso en la mejilla y me senté, revisamos la carta en silencio y pedimos, mientras esperábamos, me dijo:
—Quiero que me contestes con sinceridad, no le des vueltas al asunto y dime solo la verdad.
Yo sentí, la verdad, me sentía abrumado, como que tenía una ligera sospecha de que esto no iba por buen camino, y ella prosiguió:
—¿Qué piensas de nosotros?
Me quedé pensando unos segundos y dije:
—Que hacemos bonita pareja, a pesar de que tenemos mucho tiempo de amantes.
Ella suspiró, se me quedó viendo y me dijo:
—Te diré la verdad, soñé con tu abuelo, fue un sueño bien extraño, no sé si es por la luna en Leo o si influyó que fui a una regresión, pero tu abuelo me decía bien sincero, que ya era momento de parar esta relación, me dijo que pensáramos bien las cosas en esta vida ¿Cuál es tu número según la numerología?
Yo estaba procesando la información y le dije:
—El mío es 9, y el tuyo también, es la vida de cierre de ciclos.
En eso nos interrumpió el mesero trayendo la entrada, después de unos segundos en silencio, me dijo:
—Por eso tu abuelo me dijo eso, te apuesto a que tú también lo has soñado y te lo ha dicho, lo sé porque me lo dijo, pero dijo que tú eras muy necio y pendejo, y yo era la única que iba a quererte así.
Al escuchar eso, me puse a recordar que esa frase me la decía mi abuelo, pero le dije:
—No entiendo a qué te refieres.
Ella me vio con ojos de compasión y me dijo:
—Muchas veces no te entiendo, eres muy inteligente, pero de pronto eres muy pendejo, mira, tu abuelo me dijo que recordara vidas pasadas, y al yo recordar, al menos en las últimas tres vidas hemos sido amantes, no nos hemos podido superar, ya sé que vas a decir que es una maldición, pero no, es nuestra necedad.
En eso, el mesero pasó, se llevó nuestros platos y trajo la comida, comimos por unos minutos sin decir nada, hasta que yo interrumpí:
—Sigo sin comprender. ¿Te dijo algo tu esposo? ¿Tuviste problemas?
Ella me vio con su mirada de compasión y dijo:
—Ya ves, a veces pecas de pendejo, entiende, hemos sido amantes en las últimas tres vidas y esta es nuestra última vida, necesitamos cerrar ciclos, te quiero muchísimo, incluso más que a mi esposo, lo sabes bien, pero necesito que me digas ¿Qué es lo que piensas tú?
Meditando unos segundos la respuesta, mientras comía, le dije:
—¿No estás a gusto conmigo? Recuerda que hicimos la promesa de que, si uno no quería estar con el otro, solo era decirlo y nos íbamos, así como llegamos, te agradezco que me hayas querido mucho, y yo te quiero muchísimo, creo que te lo he demostrado.
Ella me interrumpió:
—Por eso necesito que me digas ¿Qué chingados esperas? ¿Qué quieres que hagamos?
Dejé mis cubiertos, la tomé de las manos, la vi a los ojos y le dije:
—Yuneth, ya lo sabes, hemos sido amantes por tres vidas. ¿Qué harías si ahorita me arrodillo y te pido que seas mi esposa?
Ella me vio en silencio y soltó mis manos.
—Sabes bien que no es eso, me gustaría demasiado que eso sucediera, pero si piensas hacerlo, mejor no lo hagas, te voy a decir que no, ¡Estoy casada y lo sabes bien! Quiero que ya nos superemos, quiero que borremos nuestros números, quiero que ya no nos veamos, quiero que esto ya se acabe.
Cuando la escuché, solo cerré los ojos, tragué saliva y le dije:
—Si es lo que quieres, eso haremos, pero quiero que sepas que siempre voy a estar para ti.
En ese momento, ella se paró y dijo:
—¡No! Justo eso es lo que esperaba que dijeras.
Sacó su celular, borró mi número y nuestra conversación, y se fue, yo me quedé ahí sentado, triste, derrotado, solo la vi marcharse, no me paré, no hice teatro, creo que esta vez, ahora sí, esta historia se acababa.
Terminé de comer, pedí la cuenta, pagué y me fui al trabajo, el día ya no estaba soleado, incluso se sentía una lluvia ligera, yo solo caminaba y pensaba ¿Qué había hecho mal?
Llegué a la oficina, me senté frente a la computadora, puse el disco de “Principio de incertidumbre” de Ismael Serrano y empecé a revisar mi correo, quería perderme en el trabajo, quería olvidar lo que había pasado, no quería llorar, no quería sentirme triste, no quería sentirme derrotado, después de casi 18 años, se había acabado esta historia de amantes dementes.
Estaba abriendo correos sin ton ni son, no leía nada, no tenía cabeza para hacer nada, cuando de pronto me llegó un correo de Yuneth, había un archivo adjunto, lo abrí y era una prueba de embarazo de laboratorio, junto a unas imágenes de ultrasonido, 15 semanas de embarazo.
Me sentí feliz y enojado al mismo tiempo, volví al correo y leí:
“Mira, no sé si es parte del aprendizaje que tanto decías o quién sabe qué carajos sea, nos vamos a mudar, no te voy a decir a dónde, pero estoy segura de que estos gemelos son fruto de nuestro amor, este amor que queda depositado en dos personitas que estoy esperando, es curioso que cada uno tiene su corazón y va a tener su vida, así como nosotros, juntos pero separados.”

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