YA ME JODI…
Tenía una extraña fascinación por arruinarlo todo. Me gustaba sentir que era yo la que podía destruir lo mejor de mi vida, y no alguien que juraba quererla escondiéndose en una máscara de tipo fiel. Si el final tenía que llegar, no sería ningún otro el que lo declarara. Me adelantaba a mis desgracias, suponía demasiado, y en cierto sentido había aprendido a encontrar placer en los amores fugaces. Conocí a muchos que aseguraron amarme. Si reuniera a cada uno de ellos en una misma habitación, seguirían queriéndome. Por supuesto que eso no era ningún problema. El asunto es que una vez resuelto ese propósito de alcanzar mi amor, me dejarían. Dirían: bien, yo ya he cogido con esa tipa, la verdad, nada especial, quizás algo fuera de lo común, pero una mujer al fin. Y yo aborrecía esos encuentros varoniles en los que los niños hacen cuentas de todas sus cogidas como si en cada una de ellas hubiesen practicado realmente el sexo, y no lo que yo consideraba una patética imitación porno de arlequ...